Jajaja, el humor, la risa… qué gusto da reírse, y más aún de la política.
Esa es, precisamente, la idea que recorre el artículo publicado en Público, “De ‘Las noticias del guiñol’ a ‘Polònia’ y ‘Vaya Semanita’: el humor político que la televisión española dejó escapar”, el pasado 8 de marzo de 2026.
El planteamiento es claro. Hubo una época en la que la televisión española se reía del poder, con Las noticias del guiñol como gran símbolo, pero con el tiempo ese tipo de sátira desapareció de las cadenas estatales. Apenas quedan casos, se nos da a entender en el texto, y solo resisten ejemplos míseros como El Intermedio (La Sexta, desde 2006), conducido por un médico reconvertido bajo el sobrenombre de “El Gran Wyoming”. Si acaso pueden buscar refugio en experiencias como Polònia o Vaya Semanita, cuyos sketches, imitaciones y personajes nos deleitan cada semana. Y lo hacen pese a lo que parece deslizarse en el artículo, porque ambos siguen en emisión.
La idea funciona narrativamente. Pero la realidad es algo más compleja.
El humor político no ha desaparecido. Más bien podríamos decir que ha cambiado de forma. La televisión actual está llena de formatos donde la política se trata desde la risa, y también en las cadenas generalistas. Puede que ya no adopten la forma clásica de la caricatura o las escenas de aquellos histriónicos muñecos de látex que hicieron las mieles del éxito gracias a la exageración, la repetición de gestos y la construcción de personajes reconocibles, pero siguen ahí.
Tenemos el caso de El Intermedio, por supuesto, pero podemos decir lo mismo de otras fórmulas más o menos híbridas como Todo es mentira (Cuatro, desde 2019) o Zapeando (La Sexta, desde 2013), donde se aborda la actualidad política desde la ironía, el comentario y la reinterpretación humorística. Incluso espacios como El Hormiguero han incorporado secciones donde el debate político aparece… ¿suavizado? Sí, digámoslo así. Pero miren, miren: ahí salen “los sospechosos habituales” —Juan del Val, Nuria Roca, Cristina Pardo, Tamara Falcó o Miguel Lago— para dejar unas buenas pinceladas.
Entonces, ¿qué es lo que tenemos? Consumimos humor y política, efectivamente. Pero en formatos más mezclados, más ligeros, más transversales. Por tanto, esto no ha desaparecido, aunque sí podemos hablar de una clara transformación. La investigación en comunicación lleva años señalándolo: el infoentretenimiento político o politainment — el propio artículo lo apunta en sus párrafos— que ha ido diluyendo las fronteras entre sátira, análisis y espectáculo (Aguilera-García, 2019; Gascón-Vera, 2022; Zamora-Martínez et al., 2024)
En el caso autonómico, además, no solo están los desternillantes gags de Polònia (TV3, desde 2006). Tampoco los sketches de Vaya Semanita (ETB, estrenado en 2003 y con distintas etapas y reapariciones hasta hoy). No les digan a los buenos amigos maños que programas como Oregón TV (Aragón TV, desde 2009) no son claros representantes del género. Otro tanto podría decirse de espacios como Land Rober (TVG, desde 2009), o de estrepitosos fracasos más recientes como Caiga quien caiga (Telecinco, regreso en 2025), de nuevo en la televisión nacional, y que, pese a no cuajar, demuestra que el interés por este tipo de humor sigue vivo… otra cosa es cómo se articula hoy.
A todo esto se suma un factor que apenas aparece en el texto: el desplazamiento del humor político hacia nuevos espacios. Parte de esa sátira que antes estaba concentrada en televisión hoy circula también en redes, clips y formatos digitales, algo que la literatura sobre comunicación política y sátira ya venía anticipando (Berrocal, Martín Jiménez & Gil Torres, 2023). Por eso, y sin querer contradecir del todo a nuestros colegas de Público, la imagen de una televisión que “dejó escapar” el humor político resulta sugerente, pero simplifica en exceso el fenómeno. La risa sigue ahí; solo que ya no tiene forma de guiñol o de muñeco de látex en prime time.
A propósito, y hablando de guiñoles. Para el lector curioso —o el espectador con memoria— bien vale la pena recordar que Las noticias del guiñol (Canal+, 1995–2011) tuvieron un claro antecedente. Fue la propia televisión pública quien se aventuró a experimentar con este formato de la sátira política contada con marionetas en Los muñegotes. Aquellos momentos —insertados dentro del programa Pero… ¿esto qué es? (1989–1991)— caricaturizaban de tanto en tanto a los políticos más señalados del panorama nacional, y con bastante mala leche, por cierto. ¿No nos creen? Busquen, busquen en YouTube, que, como poco, seguro que pasan un buen rato.
Referencias
Aguilera-García, I. C. (2019). La cultura del humor televisivo: El infoentretenimiento español desde su utilidad para las audiencias. ZER: Revista de Estudios de Comunicación, 24(47), 31–50. https://doi.org/10.1387/zer.20705
Berrocal, S., Martín-Jiménez, V., & Gil-Torres, A. (2023). Politainment on Twitter: Engagement in the Spanish legislative elections of April 2019. Media and Communication, 11(2), 1–13. https://doi.org/10.17645/mac.v11i2.6340
Gascón-Vera, P. (2022). Periodismo de humor en televisión: análisis histórico, fórmulas y estructuras de formatos de éxito (1990–2015) (Tesis doctoral). Universidad de Zaragoza. https://zaguan.unizar.es/record/129586
Gordillo, I., Guarinos, V., Checa, A., Ramírez-Alvarado, M.ª del M., Jiménez-Varea, J., López-Rodríguez, F. J., De los Santos, F., & Pérez-Gómez, M. A. (2011). Hibridaciones de la hipertelevisión: información y entretenimiento en los modelos de infoentertainment. Revista Comunicación, 9, 93–106. http://hdl.handle.net/11441/25517
Zamora-Martínez, P., García-Gil, S., & Gascón-Vera, P. (2024). El politainment televisivo en la programación española y su relación con los procesos electorales (2015–2022). Historia Actual Online, 65. https://doi.org/10.36132/kh96hc80